miércoles 29 de julio de 2009

Sesión VII: El Baño de AJ

Todo es una mentira. Eso es lo que pensaba en Sábado a la tarde, mientras les comentaba a mis amigas que a la noche, tendría nuevamente otro encuentro con un ese inexistente chico.

Me sentía realmente mal por mentir a mis amigas. Me sentía un poco mal porque era como abandonarlas un poco, al no salir con ellas a la noche. Me sentía cansada, por la noche agitada que había tenido.
Y me sentía insegura… Pensaba en que no tenía las llaves de casa. Pensaba que no podía entrar a mi propia casa, no siquiera para buscar algo, para ducharme, o cambiarme de ropa.
Ni bien llegue a ver a AJ, le pediré que me reintegre las llaves de mi departamento.- pensaba-
Después de haber jugado al Paddle por más de dos horas, nos quedamos con las chicas compartiendo una charla, como siempre hacemos, en la confitería. Pero yo me quedé con el grupo apenas unos pocos minutos, y me fui.
Me daba un poco de vergüenza presentarme así, media sucia, transpirada, y con ropa deportiva. Pero bueno... no era mi culpa.
Luego de casi una hora de viaje, dos colectivos, y algunas cuadras a pié, llegué a las casa de AJ, solo portando mi bolso semivacío.
Luego de tocar un par de veces el timbre, nadie me atendía. Así que decidí llamar a AJ a su celular. Me dijo que la espere media hora. ¿Que iba a hacer esa media hora? No me iba a quedar parada en la puerta, así que me fui para la avenida, a caminar y dejar pasar el rato.
A la media hora estaba de vuelta, tocando timbre. No había nadie. Me quedé esperando unos minutos hasta que llegó AJ en auto.
AJ también estaba de ropa deportiva. Vestía un short blanco, campera roja, y medias y zapatillas. Bajó con su bolso y sus raquetas de tenis. Obviamente venía del club.
Me saludó, y me hizo acarrear el bolso y las raquetas, mientras yo le seguía los pasos. Me miró y me dijo: Estás sucia, perrita. ! Ahora te vas a bañar! No te quiero olorosa.
Entré al baño de la planta baja, y cerré la puerta. Pero al rato entró ella conmigo. ! Desnúdate! – me ordenó. Se sentó en el inodoro, y no me sacaba la vista de encima mientras me desnudaba.
Prende la ducha y entra. Perrita. !Quiero ver como te bañas!... Siempre sorpresas. AJ nunca se sale con algo preestablecido. Siempre sorprende. Y siempre sorprende con distintas formas de humillarme. Formas que a una nunca se le pasan por la cabeza, pero que a ella se le ocurre.
Me tuve que duchar, sin correr la cortina de baño, frente a la atenta mirada de AJ. Y no sólo eso. Ella me indicaba lo que debería hacer:
- Toma le shampoo el lávate la cabeza.
- Ahora, enjabónate esas dos hermosas peras que tan me gustan.
- Pásate jabón por ese lindo culito.
Etc. Etc. Etc.
Terminado mi aseo, me sequé con la toalla, siempre ante la mirada de ella. Todavía estando yo con el cabello mojado, me ordenó que la siguiese hasta el living.
Ahí, en el living, ella se sentó en su sillón, y me pidió que le quitara las zapatillas. Finalmente, me hizo acostarme en el piso, toda desnuda como estaba, con las piernas semiabiertas, mirando hacia arriba, y mis manos en la nuca.
Se sentó, de tal forma que sus pies apoyaban en mi pecho y vientre. No hacía presión, solo los movía un poco, y los rozaba contra mis pezones.
Finalmente, si… apoyó sus pies, con los soquetes puestos, en mi cara, y la refregaba. Sus medias estaban semihúmedas, y mientras me frotaba la cara con un pié, con el otro frotaba mis pechos, y hasta mi clito.
No te muevas perrita!.. – Me dijo- Mantén la boca cerrada, y disfruta del aroma de Ama. Siéntate orgullosa de ser mi felpudo.
Pasado un tiempo, volvió a ordenar:
- Ahora regálale a tu Ama un orgasmo…largo, profundo. ! Mastúrbate para tu Ama, perrita!
Los pezones erectos y el clito duro, estaban cada vez más sensibles y propicios a las caricias de AJ con sus pies. Algunas veces me molestaba el roze del algodón de la media... Sin embargo, uno de sus pies nunca más se movió de mi rostro.
Los siguientes minutos transcurrieron con un dedo de mi mano derecha penetrándome, oliendo sus pies, excitándome a más no poder. Hasta el momento que tuve que pedir autorización para correrme, el cual fue negado en dos oportunidades, - Como me lo había previamente imaginado-
Pero el tercero llegó con una condición. Para poder correrme, debía quitarle la media de uno de sus pies, y hacerlo mientras se lo lamía. Hubo trato.
Estallé de la mejor forma posible, de la forma más humillante que podía, saboreando los pies de AJ.
Luego de recuperarme, y todavía en le piso, de motus propio, le dije:
- Gracias Ama-
Ella se sonrió.
Hacía menos de una hora que me había duchado, y ya volvía a estar toda sucia de nuevo. Pero contenta, relajada, sin pensar en otra cosa que no sea AJ.
Los siguientes veinte o treinta minutos transcurrieron dándole, como de costumbre, placer oral a AJ. Luego de dos veces consecutivas, ella me ordenó parar.
Fue todo sexo, pero sobre todo la primera parte, bien humillante para mí.
Ambas nos dirigimos al piso de arriba. Ahí AL me hizo poner mi uniforme, con las sandalias de siempre. Y me hizo acompañarla al baño privado, pegado a su habitación.
Ahí, sin ninguna advertencia, gritó, al tiempo que señalaba el piso: !Posición cuatro!
Quedé un rato pensando cual era, hasta que me arrodillé, apoyando mi trasero en los talones, y las manos en la nuca.
Permanece así, perrita, con la vista fija en el piso. Ni se te ocurra mirarme.
Si bien tenía la vista fija en el piso, era imposible no ver lo que AJ estaba haciendo. Ella comenzó a llenar la tina de baño con agua caliente, luego puso unas sales de baño, y se desnudó completamente para meterse en la tina de baño.
Se quedó varios minutos en silencio, relajándose, mientras a mi la posición se me empezaba a hacer muy incómoda. Sobre todo en los pies, que recibían todo el peso del cuerpo.
- Acostumbras a darte baños de inmersión elisa?.
- No muy seguido Ama.
- Es relajante. Lo deberías hacer con frecuencia.
- Lo haré Ama
- ¿Lo harás cuando yo te lo permita, no es cierto?
- Por supuesto Ama.
- Estás incómoda en esa posición elisa?
- Si Ama... me duelen los pies.
- ! Posición Uno!.. !Ya! ( Levanté el trasero, y quedé apoyada sobre mis rodillas)
- Gracias Ama ( A pesar que sabía que esta posición es más incómoda que la anterior, por lo menos cambiar de posición me aliviaba algo)
- Estoy muy contenta contigo Elisa. Vas muy bien.
- Gracias Ama.
Y la charla seguía, mientras ella se pasaba la esponja por todo su cuerpo. Y yo lo único que deseaba ya, era que termine su baño, así no sufrían más mis rodillas.
- Ama... por favor, no soporto más mis rodillas.
- Soporta un poco más, elisa. Haz el esfuerzo por tu Ama.
- Si Ama
Y luego de unos minutos.
- En cuclillas, manos atrás. Esta es la posición número cinco.
- Gracias Ama.
Ella siguió disfrutando de un baño largísimo. Es más, cuando se le enfriaba el agua, vaciaba un poco la tina, y la volvía a llenar con agua caliente.
Finalmente, ella se incorporó, y me hizo tomar la toalla y secarla desde la cabeza hasta los pies.
Pero antes de salir del baño, me hizo recoger toda la ropa que se había quitado.
Ella se vistió y se dispuso a darme instrucciones para preparar la cena. (Continuará)

domingo 26 de julio de 2009

Sesión: VI: Examen de posturas

Estuve toda la semana pasada sin tener actividad sexual. La ultima vez, había sido en el auto de AJ – Como para no olvidarlo-.
Con respecto a las posturas de sumisa, no las he practicado mucho. Solo me puse el Martes a la noche un rato, en casa frente al espejo. Practiqué las cuatro posturas arrodilladas, y luego las restantes de sentada y parada.
Lo más difícil es recordar el número sobre que postura corresponde. ¿ Porque AJ no me enseñó las posturas que empiezan con el número 20?.. Vaya una a saber. Se lo preguntaré.
Así que no estuve más de 15 o 20 minutos, arrodillándome, parándome o sentándome frente al espejo. En cada posición que adoptaba, me miraba y la verdad, que no podía decir si lo hacía bien o mal, o que falla tenía. Sin duda, debe ser una tercera persona quien evalué si el cuerpo está recto, si la cola va más adentro o fuera, etc., etc.
Tampoco creo que todo este tema de las posturas es para escribir un libro, así que no le daré mucha más importancia de lo que realmente tiene. Es importante para AJ, así que es preferible que sea ella quien me corrija.
Sin embargo, entiendo que permanecer por un tiempo en una postura, quieta, expuesta, desnuda, requiere una conducta, una disciplina, que se irá ganando poco a poco.
Lo que sí te hace sentir, es una humillación total. Sirve para recordar a cada segundo, cuando alguna parte del cuerpo desea cambiar de posición, que no lo puedes hacer.
Que debes permanecer quieta, hasta que AJ lo decida. Se sufre hasta en las cosas más simples, pero cuando estás en una postura se sienten muy profundas.
¿ Saben lo que es que te pique alguna parte del cuerpo, o algo, y no lo puedas controlar?. Es una pavada, pero cuando lo sufres parece ser lo más importante en ese momento.
A pesar del poco tiempo que practiqué frente al espejo, he estado repasando mentalmente las posiciones, para no equivocarme. Cuando viajaba en coelctivo, cuando caminabapor la calle, o en mi trabajo... flotaban por mi cabeza las posiciones, y tratando de recordar el número que les asignó AJ.
Lamentablemente, AJ tuvo algunas complicaciones el Jueves, así que el examen se postergó para el Viernes. Obviamente, también se postergó un día más mi abstinencia sexual, cosa que no me hizo mucha gracia.
Las órdenes para ese Viernes eran que debía esperar a AJ vistiendo lo que ella llama el uniforme de sumisa –Toda desnuda, excepto las medias negras y las sandalias de taco alto-.
Y cuando ella tocara el timbre, me debía poner el abrigo e ir a abrirle la puerta de la planta baja de esa manera.
También otra cosa me extrañó: era lógico que el día Jueves nos veamos en mi casa – Ya que ella no está sola en la suya- Pero al haberse prorrogado la cita para el Viernes, no entiendo porque ella no me invitó a su casa, y seguimos fijando como lugar de encuentro la mía.
Bueno, tampoco le tengo que estar buscando la explicación a todo. El Viernes, ni bien llegue a casa, me cambié – Más que nada me desnudé usando el uniforme de sumisa - y traté de arreglar un poco mis cosas, para que estén lo más prolijas posibles cuando venga AJ.
Igual, hice un poco de trampa: Me puse por arriba un saco de lana. La casa estuvo sola todo el día, y hacía frío. Debía esperar un poco de tiempo hasta que se calentaran las habitaciones con la estufa. AJ llegó casi a horario. Lo primero que hizo cuando llegó fue ordenarme a quitarle y guardarle su abrigo, carteras, y luego, frente a ella me hizo quitar el abrigo. No perdió mucho el tiempo. Se sentó en mi sillón, me pidió que le alcance una lapicera y una hoja para escribir y me hizo permanecer parada a casi dos metros de ella.
Comenzó a darme las instrucciones:
El examen de las posiciones, perrita -comenzó a decir- se evaluará de la siguiente forma: Si obtienes menos de 7 puntos, serán 4 horas de castigo continuo, aplicados por tu Ama. Y el castigo comenzará ni bien termine el examen.
Ahora, si obtienes 7 o más puntos están aprobada. Eso significa que tendrás el privilegio de ser cogida por tu Ama. Pero si tu puntaje es menor a 8 puntos, debes tener 30 minutos de castigo, Si el puntaje está entre 8 y 9 puntos, el castigo será de 20 minutos, y si es mayor o igual a nueve, no tendrás castigo. Si te equivocas de postura, no tendrás puntos. Si la postura que adoptaste es la correcta, tendrás 5 puntos, y los restantes 5 puntos se te darán en función de la perfección en la postura. Te ordenaré hacer 10 posturas, y promediaré con ellas.
Era lo que yo suponía... Si no me equivocaba en la postura adoptada, tenía el 50% de los puntos ganados. Ahora, si me equivocaba, aunque sea en una sola postura, sería casi imposible aprobar el examen, porque es muy difícil promediar correctamente para levantar un cero.
Empecemos- me dijo- : ! Dos!...
Y yo me arrodillé, manos en la nuca. Recta. Ella se paró, y daba vueltas alrededor de mí, sin quitarme los ojos de encima. Sentía el taconeo en el piso, y notaba como ella caminaba muy lentamente. Cuando terminaba de dar una vuelta, volvía al sillón, y escribía mientras hablaba: -De los 10 puntos asignados, pierdes dos por no tener la boca semiabierta, y otros dos por tener los codos adelantados, fuera de la línea del cuerpo. Puntaje: 6 perra...!
¡Y yo que sabía lo de los codos.!.. Me empecé a poner nerviosa... No venía tan fácil como me lo imaginaba.
Treinta y Tres!.. Me incorporé, me senté en el sillón, y expuse mi sexo hacia ella... Quince o veinte segundos sin moverme, hasta escuchar el veredicto de AJ: ¡Siete y medio perra!...
Me tomó las diez posturas. Solo que las últimas tres eran repeticiones de las peores posturas que había hecho. Esto me permitió corregir algunos errores iniciales, y poder mejorar mi puntaje. Los últimos fueron todos entre 8 y 9 y medio.
!Bien perra!.. Promedio general 7,50 puntos... Ahora te ganaste ser follada por tu Ama y 30 minutos de castigo. – Dijo tirando casi la lapicera y la hoja en el sillón.
¡Rápido!.. Busca 8 broches de ropa.
Ya me imaginaba por donde venía lo del castigo. Fui a la cocina y le traje los 8 broches. Eligió 4 y descartó los restantes.
Me hizo tocarme los pechos por unos minutos, parada, frente a ella. Y cuando ella decidió que era suficiente, me dijo: !Once!.. Casi gritando. Me abrí de piernas, manos a la nuca.
Cierra los ojos y concéntrate, perra. Asimila la molestia, el dolor. No te muevas, aguanta... Porque si no tendremos que empezar de nuevo.
Estuvo unos segundos frotándome uno de los pezones, y cuando me los endureció, inmediatamente me aplicó el broche sobre él. Suspiré, asimilando el fuerte dolor inicial. ¡Aguanta Perra!... Quiero sentirme orgullosa de ti.
Luego hizo lo mismo con el otro pezón, para posteriormente, volver a sentarse, y hacerme adelantar, hacia ella. De esa forma, quedé casi parada entremedio de sus piernas.
Ella apenas bajando un poco su rostro, tenía mi sexo a frente.
Me estuvo un tiempo acariciando, sin penetrarme, y al final me pellizcaba, y tiraba hacia abajo mis labios, y me adhería los borches en cada labio.
Me dio algunos golpes en el trasero, cuando vio que mi boca no estaba entreabierta, o mis piernas no estaban rectas. Me era muy difícil sostener la posición, por la presión que sentía en mis pechos y labios vaginales. Mientras me tenía en esa posición, y a propósito, se comenzó a desnudar completamente delante de mí.
Y cuando logró todo su cometido, fue en busca de su cartera, y sacó de ella la prótesis, con ajustador. La misma que había usado la otra vez.
Me llevó hasta mi mesa, me hizo inclinar, de tal forma de solo apoyar mis manos sobre ella. Y sin advertencia previa, sentí como palpaba mi sexo con sus dedos, para posteriormente intentar la penetración con la prótesis. Me comenzó a follar, pero muy lentamente. Lo suficiente para excitarme, pero no lo suficiente para poder descagarme. El dolor en mis pechos se iba incrementando, mucho más rápido que en mis labios. Me mordía los labios ( de la boca) .. por el dolor, y por el placer... De repente, se detuvo:
Treinta minutos, perra...! Y me quitó los broches de los labios. Tu castigo está cumplido, y ya también te he follado, así que no te debo nada. Pero si quieres que te siga follando tienes que dejarte los broches en los pezones... ¿ Qué decides?
-Siga Ama.
-¿Siga que?
-Siga penetrándome, Ama.
Y volví a sentir la prótesis abriéndose paso en mi intimidad.
Lentamente.. profunda. - Te penetraré cada vez que escuche salir de tu boca la frase: ¡Soy una puta!... -y dejó de moverse-.
- Soy una puta. ( Un empujón)
- Soy una puta. Soy una puta... (dos empujones)
- Y cuando más fuertes lo digas, más profundo irá la pija dentro de ti. Así que tu decides, la frecuencia y la profundidad.
- Soy una puta... Soy una puta. Soy una puta.
Y el pene entraba y salía, entraba y salía... y cuando más fuerte lo decía, más profundo llegaba. Solo era cuestión de encontrar el ritmo adecuado, lo cual no me llevó mucho tiempo.
Ya mis gritos retumbaban en el ambiente, mis pezones pedían clemencia, y mi boca no paraba de autohumillarme, pero de mi entrepierna salía la humedad provocada por mi total excitación. Sentía como los mulslos se me iban humedeciendo.
- Debes pedir permiso para correrte perra. Nada sin mi autorización.
Sí Ama... Soy una puta. Soy una puta...
Luego de un tiempo, donde se escuchaba solo mi voz,sentí que mi momento llegaba. Ya no me importaban los broches, los pezones, solo era cuestión de descargarme.
- Ama. Pido autorización para mi orgasmo.
- Denegado perra. Espera un poco.
- Soy una puta. Soy una puta. Pido autorización Ama...
Esperó un par de minutos y me ordenó:
- Córrete puta.
Sentí como tomaba cada broche con una de sus manos, y al ritmo de mis palabras. – que ya eran gritos histéricos- me abalanzaba penetrándome.
Dejé de autohumillarme, y largué un grito incontrolable de loba en celo provocado por mi orgasmo, mezclado con vibraciones, temblequeos, espasmos incontrolables.
Pero al mismo tiempo, sentí una fuerte presión hacia abajo en mis pechos, provocado por el desprendimiento rápido y violento de los broches, los dos al mismo tiempo.
Gozaba de abajo, sufría de arriba. Casi con la misma intensidad. Ese grito fuerte, ya era una mezcla de placer y dolor... Tremendo placer, y tremendo dolor. Felicidad extrema, y algunas lágrimas en mis ojos... Perdí el control, y me dejé vencer los brazos, apoyándome directamente sobre la mesa.
El trabajo de AJ cesó, el dolor inicial tan fuerte fue menguando poco a poco, lo mismo que las palpitaciones por mi orgasmo. Fue de lo más placentero que he tenido en mi vida, salvo por el dolor de mis pechos.
- Quiero otro, perra. Seguido.- Ayúdate con la mano.
- Soy una perra puta. Soy una perra puta... (de nuevo el mismo verso).
Y mi dedo que, acompañando los movimientos de la prótesis, jugaban con mi clito.
Aj no se cansaba... Acompañaba cada palabra mía con una penetración, con un movimiento de su pelvis, presionándome y adecuando la profundidad y fuerza a al sonido de mis palabras. Palabras que significaban, más que su interpretación literal, una súplica.
Volví a pedir autorización, y dos veces me fue denegada...
Para no correrme sin autorización, mis palabras salían de mi boca más espaciadas, menos fuerte, y mi dedo descansaba....
Pero a la tercera, con la autorización de AJ.. volví a masturbarme, a gritar, a no parar de hablar... y entregarme al placer de un orgasmo... menos profundo, pero largo largo.... casi interminable.
Exhausta, con la respiración entrecortada, pedí autorización a mi Ama para sentarme...
AJ dijo: ¡Treinta!.. Y ya sabía a que se refería.
Me sentía muy cansada, sin fuerzas, y tarde unos buenos minutos en recuperar la respiración. Todo hasta que AJ, estando sentada frente a mí, se abrió bien de piernas y señaló con su dedo índice su sexo.
Sobraban las palabras. Ya sabía a que se refería. Era la hora de ella.
Luego de haber "cumplido" con mi Ama, ella dejo de llamarme “perra” o “perrita” y comenzó a llamarme por “elisa”.
Eso significaba que ya no estaba bajo sesión, pero me advirtió que las formas de protocolo, las debería mantener.
Me hizo llamar telefónicamente un delivery y encargar una pizza grande.
Ella, mientras tanto, se quedó sentada en el sillón, con las piernas recostadas sobre el , al tiempo que yo ponía la mesa (en la misma mesa que recientemente me había cogido).
Me hizo ir a atender al chico del delivery de la misma forma que fui a abrirle a ella. Toda desnuda, solo vistiendo mi tapado.
Mientras cenábamos, estuvimos hablando de varios temas, entre ellos, ella me comunicó que decidió pasar la noche en mi casa. Obviamente, ni permiso que me pidió.
La verdad que me sorprendió. Pensé que a la noche, se iba a ir a su casa, pero bueno, en cierta forma me puse contenta por estar con ella toda la noche.
Me dijo que se quedará hasta la mañana, y que me permitirá ir al club con mis amigas, pero esta vez no quería que salga el Sábado a la noche, y vaya a su casa.
- Tendrás una buena excusa para decirles a tus amigas, me supongo.
Entendí que se refería a ese supuesto chico, inexistente, que uso de excusa para ausentarme de alguna salida con mis amigas.
La verdad, no me preocupé por no poder salir con las chicas el Sábado por la noche. Si la tenía que ver a AJ mejor. Pero ya palpitaba que me esperaba un largo y sorpresivo fin de semana. No sabía que me esperaba, pero si que iba ser algo "grosso".
Luego que ella tomara el café posterior a la cena, me hizo sentar en posición número 30 y estuvimos charlando otro rato más.
En una parte del a charla, AJ me comentó que debía esmerame más en la forma de redactar las entradas al blog. Me dijo que omitía algunas cosas importantes, que los relatos no eran lo suficientmente detallados, que resumía mucho, y que muchas veces solo me limitaba a desarrollar los hechos, pero que le daba poca importancia a mis sentimientos, mis pensamientos, etc... Me sugirió que vaya mejorando, sino me debería castigar.
No voy a poner en discusión lo que ella dice, pero realmente yo no lo veo tan así. Igual, me esmeraré para mejorar esto.
Pero antes de acostarnos, AJ me ordenó que, una vez que entraba en la habitación ( mi habitación), tenía prohibido salir de ella sin su permiso. No sé cual era el objetivo de esa orden. Pero por las dudas, y para no tener que despertar a AJ a la mañana, traté de ir al baño, tomar agua, lavarme los dientes, etc.
Le pedí a AJ que me dejarar dormir con una pantalón largo, medias, y un buzo ( Como acostumbro en estos días de frío), pero me hizo sacar las medias del uniforme y dormir totalmente desnuda. Ella durmió en ropa interior.
Igual, no tuve frío. Dormí totalmente tapada y con AJ alado.
Al poco rato, quedé profundamente dormida.
.....
A la mañana siguiente, luego de desayunar, tuve que perdirle permiso a AJ para tomar una ducha, -tal como acostumbro a la mañana- lo cual me lo concedió.
Pero previmente, estuve seleccionando con ella la ropa que que iba a poner. Obvimante, como iba al club, la ropa seleccionada era mi campera deportiva y pantalón de frisa, una remera de manga larga, medias y zapatillas.
Ella me dijo que me esperaba para llevarme al club, así que me fuí derecho a tomar la ducha.
Cuando saldo del baño, y vuelvo a la habitación, no solo tenía las prendas que me tenía que poner sobre la cama, sino que también AJ me escogió la ropa interior, una bombacha blanca ( de las vedettinas que puedo usar para hacer deporte) y un corpiño blanco también.
AJ no me dejó llevar ropa para cambiarme en el bolso. No quería tampoco que me duche en el club luego de jugar.
Salimos de casa y ya en el auto, nuevamente fuí advertida por ella por viajar con las piernas cerradas- Es la costumbre-. Salvo que esta vez - me dijo- y para que no me olvide de nuevo, me someterá a un castigo. Y ese castigo será a la noche. Espero que no sea muy severa conmigo.
Apenas un rato antes de llegar, y mientras estaba parada esperando un semáforo, me ordenó que abriera mi bolso y le entregue las llaves de mi casa.
¿ Para que Ama?.. -le pregunté toda extrañada con ese pedido.
Quiero que cuando salgas del club,- me contestó- vayas directamente hacia mi casa, sin poder pasar por tu departamento. Te espero a más tardar a las 7 de la noche en casa. Si vienes más temprano, me avisas. ok perrita?
No con muchas ganas, le dí las llaves. Eso significaba que, si o sí, debía ir a la casa de AJ., sin escala previa.
Me hizo bajar dos cuadras antes de llegar al club.

martes 21 de julio de 2009

Sesión V: Las Posturas

La última cita ocurrió el último domingo, a la tarde. La consigna era que debía estar a las 3 de la tarde en la casa de ella, como siempre, vistiendo pollera, y correctamente arreglada y maquillada. Y en mi cartera, debía llevar las medias negras, esas que siempre uso en las sesiones.
Para evitar llegar tarde nuevamente, me tomé un colectivo, y luego un remís. Así que 14:50 ya estaba tocando timbre en la casa de AJ. Al contestarme por el portero eléctrico, me dijo que la esperara, que había llegado temprano. Así que recién a las tres en punto me abrió la puerta.
Ella vestía unos jeans celestes, ajustados, botas negras, y una camisa blanca. Me hizo cerrar la puerta, y la seguí hasta el living.
! Desnúdate puerca! Ponte las medias que trajiste, y las sandalias éstas (Las mismas de la ultima vez)
Se sentó en su sillón y se puso a verme, en silencio, sin decir una sola palabra. Me recorría con su vista cada sector de mi cuerpo, a medida que me iba quitando la ropa. Como ella me había instruido en otras oportunidades, lo fui haciendo lentamente. Siempre frente a ella.
Cuando quedé completamente desnuda, insinúe sentarme en el sillón individual, para que me sea más práctico ponerme las medias y las sandalias, pero ella me lo negó:
- No te sientes, perra. Póntelas estando parada. Y de ahora e adelante, cada vez que quieras tomar asiento, me deberás pedir permiso.
Así que fue un poco complicado ponerme las medias, sin estar sentada, y sin sostenerme de nada. Siempre ante la atenta mirada de AJ.
¡Quítame las botas! ¡Despacio perra!
Me arrodillé frente a ella, y muy suavemente, le fui bajando el largo cierre relámpago de ambas, para luego, sin hacer mucha fuerza, quitarle ambos calzados. Sus pies, cubiertos por el nylon negro, quedaron al descubierto.
Dejé a las botas paradas en un costado, pero cuando traté de incorporarme de nuevo, me dijo: Besa los pies, perra… Besa los pies de tu Ama. Y cada vez que me quites los calzados, ya sabes que debes besarlos y chuparlos hasta que yo te ordene que pares! ¡Esto es para siempre, perra!
¡Tómalos con tus manos, como si fueran de cristal, y lámelos y bésalos!
Estuve 10 minutos trabajándolo los pies... Ella, cuando quería, me quitaba un pié, y me lo reemplazaba por otro. En ningún momento me quitó la vista de encima. Me controlaba cada movimiento, cada gesto. Al final de todo, me hizo sacar la lengua, al tiempo que ella frotaba la planta de sus pies por ella.
Adoré esos cortos 10 minutos. Adoré esa situación en que me puso AJ. Esa situación que miles de veces había imaginado, pasado por mi cabeza, y que recién ahora se dio la oportunidad. AJ se puso de pié, y me hizo quitarle el jeans, y la medibacha. Ella me miraba desde arriba, mientras yo le desabrochaba el pantalón y lo bajaba. Lo mismo con su pantymedias, y por último, la bombacha negra.
Quedando m i rostro a sólo 10 cm. de su sexo, me dijo ¿Quieres chuparla?.. Si Ama… ¿Quieres lamérmela?.... Si Ama... ¿Viniste hasta acá para darme placer y chupárlmela toda no?... Si Ama. ¿Cuanto deseas chupármela?.. – Mientras de abría los labios- Mucho Ama.
¡Date vuelta, y mira para el otro lado, perra chupaconcha!
Sentí como ella se daba vuelta, y subía las escaleras, hasta que desapareció. Quedé por unos minutos, así arrodillada, mirando al ventanal, y dándole la espalda a la escalera. Ni se me ocurrió girar la cabeza, o ver por arriba de mis hombros… Presentía que AJ estaba mirándome, y como estaba calzada, no la escuchaba.
Pero finalmente, sentí el crujir de la madera de nuevo... Y era AJ bajando. Ni idea que se traía entre manos... pero a los pocos segundos lo supe… Un golpe sobre mi trasero, seco, duro, fuerte… Ya lo conocía... Era la vara de cuero. La misma de la otra vez… No tuve que mirar, para darme cuenta.
La siguiente hora, u hora y media, no fueron de las mejores para mí, no hay duda. En ese momento empezó casi un martirio. Una mezcla de humillación y dolor corporal.
Ahora perra, - me dijo- te iré instruyendo respecto a distintas poses que debe mantener una sumisa. Yo les pondré un número, y cuando lo ordene, tú no podrás hacer otra cosa que adoptar la posición que te ordené. Así que grábate bien, en tu cabeza de perra, el número de cada posición, porque si te equivocas, te tendré que castigar. ¿Entendido?
Si Ama – ¿Que otra cosa podría decir?-
Siguió AJ hablando: Posición Numero 1: Arrodillada. Distancia entre ambas rodillas de La mano derecha toma la muñeca de la mano izquierda por atrás de la espalda. Erguida: Desde tu cabeza hasta las rodillas, el cuerpo debe formar una línea recta. ! Hazlo!..
Me hizo movilizarme hasta el medio del living, y justo en el medio, en el sector entre medio de la mesa y los sillones, me ordenó que practicara esta posición. Y cuando conseguí esa la posición, ella caminaba dando vueltas alrededor de mí... y daba indicaciones:
La cola más adelante, perra-Y me daba un par de golpes suaves en el trasero-. La barbilla de tu cara paralela al piso – y pequeños golpes debajo de ella, para que la subiera. ! Espalda recta, perra!... Y golpes en mis pechos,…. Las piernas más abiertas… y metía la punta de la vara entre ellas para abrirlas. ..Así era todo.
Segundos o minutos que se me hacían interminables. Las rodillas eran la que más sufrían. Luego de un tiempo, sin recibir ninguna corrección por parte de AJ, ella decía: Bien, perra… esa es la posición. Recuérdala… Y la boca siempre semiabierta… Ni abierta, ni cerrada... Como si pidieras constantemente chuparme, ¿Entiendes?
La segunda posición – La numero Dos para AJ- era igual de dolorosa e incómoda que la primera. Lo único que difería, era que mas manos, en vez de estar entrelazadas por mi espalda, ahora debían estarlo pero detrás de mi nuca. Esto hacía que mis axilas también quedaran expuestas.
La tercera posición, -La número 3- era más “agradable” para mí, que las anteriores, y por lo menos me permitieron descansar un poco. Debía permanecer arrodillada, pero ahora, mi trasero podía descansar, o apoyarse en el talón de mis pies. Pero cada nueva posición, era todo una ceremonia… Ella daba varias vueltas alrededor de mí, caminando lentamente, siempre mirándome desde diversos ángulos, y corrigiéndome alguna postura.
La cuarta era igual que la tres, pero con las manos en la nuca.
Las siguientes enseñanzas de AJ eran posturas de parada. La que ella llamó 10, parada, el torso recto, piernas abiertas, sin flexionar, manos en la espalda, boca entreabierta...
La once ídem, pero manos en la nuca. Y cuando me tocó practicar esta posición ella estuvo un largo tiempo arrimada a mí, y manoseándome.
De las ultimas dos posiciones, quedé con mis pies bien doloridos... No por estar tanto tiempo parada, sin moverlos, sin más que nada, por la incomodidad de los tacos.
Las siguientes lecciones, fueron – por suerte- de sentada – Un alivio para mis pies- Y la numero treinta, para ella, era la ya famosa para mí posición de estar sentada, con las piernas abiertas, pies en el piso, y mi trasero apenas apoyado en el borde del sillón, sin permitirme apoyar las espaldas. Manos en la espalda. La treinta y uno era igual, pero manos en la nuca.
La treinta y tres, ya era mucho más provocativa... Espalda apoyada sobre el sillón, la nuca sobre le respaldo, y tal forma que mi torso y mis muslos formen una línea recta. Los pies apoyados en el piso, piernas abiertas, y manos y brazos a los costados. La treinta y cuatro, ídem pero, para hacerla más humillante, con mis manos abriendo los labios de mi sexo.
Finalmente, y bajo la advertencia de AJ que estas eran solo algunas de las posiciones que debía aprender, comenzó la parte donde peor me sentí. Fue el entrenamiento y puesta en práctica de lo aprendido recientemente.
AJ decía Uno… y yo me arrodillaba... Me revisaba, y corregía la posición, salvo que ahora los golpes de la fusta eran más fuertes, y precisos... Se incrustaban en mis glúteos, pechos, espalda, muslos, y hasta algunos llegaron a la planta de mis pies. Se sentía dolor, pero no intenso… Solo sentía que me quedaba la parte afectada con calor. ! Dos!... Manos en la nuca... Treinta y tres… Corriendo irme a sentarme, o exponerme... y permanecer así, esperando que AJ diga otro numero para cambiar mi posición.
Ella se reía hay veces, pero se enojaba, - y la fusta así lo hacía sentir- cuando me equivocaba de posición. Ella nunca me decía que la posición era errónea. Solo yo me daba cuanta cuando ella tomaba la fusta y atacaba alguna parte de mi cuerpo sin detenerse… Ahí me daba cuenta que la postura era incorrecta, y cambiaba de posición.
Entonces, los golpes cesaban, AJ volvía a caminar en círculos mirándome, y solo venía algún golpe aislado, para corregir algo.
Finalmente, AJ preguntó: ¿Quieres chupármela ahora, o seguimos media hora más con las posiciones?... No Ama... por favor, quiero chupársela ahora... Bien perra!.. Hazlo, pero ten en cuenta que anoche estuve con el “pendejo”, y me trató de maravillas... Así que vos no podes ser menos.
Se abrió de piernas, y me permitió adentrarme en su entrepierna. Luego de un largo rato, ya había complacido a AJ.
Ahora te vistes, y mañana lunes y martes practicas estas posiciones. Lo harás frente a un espejo, tratando de corregir las posturas. El jueves te veré, y te tomaré un examen...
Si lo apruebas, te cojeré de lo lindo... Si lo repruebas, te castigaré de lo lindo también, perra.
Me hizo llamar un remís para irme a casa. Apenas estaba anocheciendo… Me Sentía todo mi cuerpo, como si hubiera jugado un partido de rugby. A pesar que hubiera deseado otro final, me fui contenta... y un poco insatisfecha.